Ten cuidaíco tita
Te digo lo mismo que me has dicho tú a mí infinitas veces, fuera donde fuera o hiciera lo que hiciera. Ten cuidaíco tita, no se donde vas, aunque espero hacerme una idea. Me conformo con saber que estarás con mamá y papá en el Renault 12 blanco camino de Lourdes, Fátima o la Peña de Francia, camino de pegaros un homenaje de comer que luego te provoque una colitis de las tuyas, pero que al día siguiente se pase, como siempre, ¡si es que no puedes comer pimientos fritos, te lo tenemos dicho!!!! Me conformo con saber que verás a Mami y Papi, que te echarás en sus brazos como cuando te caíste del carro en Pinos, o que recibas a Papi corriendo después de uno de sus viajes. Me conformo con saber que me esperarás con ellos, el día que a mí me toque, pero una cosa te digo, yo espero hacer más ruido que tú, ¡so joía!, te has ido como cuando salías del escenario después de ganar el primer premio a la mejor directora de coro de voces blancas que ha habido sobre la tierra, sin recoger el ramo, ni la placa y dejando a todo el mundo aplaudiendo sin saber donde leche estaba la Madre Espadafor. Dime tú ahora como voy yo a vivir sin pegarme esos sustos que me dabas cuando llegabas a la casa sin avisar, sin abrir tus correos llenos de música y mensajes a cambio de los míos frívolos y hasta soeces que te mandaba para hacerte pisar la tierra y no las nubes donde vivías. Dime tú como voy a sobrevivir ahora que tú y mamá estáis tan lejos de mi realidad y no me ponéis firme para que deje de fumar o decir palabrotas. Que sepas que te has ido sin verme dejar el vicio y sin hacer de mí una persona tan tan buena como vosotras dos. Creo que tengo al menos 20 cintas VHS de capítulos de Colombo, no se qué hacer con ellas ahora que no estás y no existen los vídeos, cuando termino de comer no me resisto a poner esas películas de Antena3 que solo tú considerabas de intriga, cuando en realidad (perdona que te diga) son de serie B o C o D, pero que tú las vivías tanto que cuando no veías el final, me hacías buscártelas en internet (misión imposible, ni Emule, ni Torrent ni la madre que parió a Google) y si yo no podía, a tu alter ego, mi querido Juan Antonio.
Tita, como voy yo ahora a volver a Mezquitilla, con esa playa llena de piedras que antiguamente recorrías con mamá al ser de día, que ni los pescaores estaban ya en la mar, en busca de intimidad y baño, con tu bañador sacado de los anales de la Historia, comprando los churros que hacían en la playa y rezando al amparo de las estrellas con mi padre cubierto de una toalla para que no le diera el relente en sus rodillas. Tita, cuando murió mamá me sentí muy sola, me dejó sin ella y sin papá, pero al morir tú, me quedo vacía. Has sido madre, hermana, tía y abuela de mis niños, lo has sido todo, y aunque, es verdad, no me faltará cariño de los que quedamos, vosotros erais mi referente en mi infancia, adolescencia (que maldita fuere, que fue de traca) y madurez, mi sensatez, mi humildad y mi poca paciencia. Me va a faltar tu inocencia, tu pasión por el fútbol, madridista hasta oír los partidos en misa, y la política, que para tí no existe la corrupción, es un error de cualquiera, tu falta de neutralidad con todo ello. Me faltarán tus advertencias, tu arroz caldoso, seco y como tú decías, pasao, que solo te parecía a tí. Tu roscos, tus pestiños y tu cuajada de carnaval, que nunca apenas probé porque no me gusta el dulce, y perdón por decírtelo ahora que se me van a poner rancios los mantecados de este año.
Pero mira. Te envidio. Y no porque estés en un lugar mejor, porque hasta que no vea no lo diré (casi como Sto. Tomás) sino porque has sido muy feliz, has tenido siempre una familia a tu lado, tus padres y hermanos y tus monjas, y los sobrinos y los nietos y los alumnos y profesores que te han conocido, aquí y en todas las partes que has estado. Y creo poder decir que nadie, nadie, te ha decepcionado, porque tú siempre lo has visto todo bien, desde tu prisma. Y porque te hemos querido con locura, por como eras y porque dabas todo, aún con tu inocencia de niño pequeño. Porque cuando todos criticábamos, tú excusabas, porque todo el mundo era güeno para tí, y el feo, agradable, porque tenías la maldad de un recién nacido.
Tita, ahora cuando vaya a Cájar recordaré tus pasos torpes de pies planos sobre el mármol, tu voz al otro lado del teléfono en la portería (hasta las 12, me decías siempre) tus visitas guiadas para ver a las monjas perder la memoria o usar los andadores para hacer carreras con mis niños, pero seguiremos yendo, por tí y por ellas tita, porque sois parte de nosotros, y aunque te hayas ido por la puerta de atrás, no me voy a resistir a continuar viendo lo que me enseñabas.
Y tita, que sepas, que sin haber sido madre, dejas muchos huérfanos, y si me lo permiten, me pongo a la cabeza. Huérfana de tu amor y tus risas incontenidas (así como tu incontinencia por ellas) y huérfana de tu ejemplo, por siempre vivo en mí.