martes, 9 de diciembre de 2014

PARIAS EN UN ESTADO DEL BIENESTAR

Soy una paria, lo se, tengo todas las papeletas. Soy mujer, madre, esposa (por dos veces, reincidente) tengo hijos, profesora, asalariada, no hice oposiciones, me contrataron, creo que por méritos pero no está demostrado, después de 15 años enseñando música a niños que tocan la flauta y leen partituras mejor que un profesor de magisterio resulta que no estoy capacitada, soy licenciada, no maestra, soy profesora, pero en concertada, ergo, por enchufe (según dicen los de la sagrada pública) echo más horas que un reloj, no cobro por la mitad de esas horas y no creo que sea porque las monjas que me dan de comer sean unas brujas, no, solo porque soy de una concertada, soy una paria a los ojos de cualquiera. Yo siempre dije que mis compañeros de la pública tienen un mérito que yo no tengo, cosa que ellos no dicen de mí, no entiendo por qué. Yo se que preferí cobrar menos y aguantar más estando en mi ciudad antes que cobrar más, pasar un examen y que me manden a la quinta puñeta, pero creo que eso es la opción de cada uno, o no?, si te cogen te han cogido, y luego hay como en todas partes, buenos, malos, regulares y peores, pero no creo que eso de derecho a criticar a nadie, si tienes vocación de maestro la tienes y lo harás bien, si no, da igual si en pública, concertada o privada, te cargarás la vida de tus alumnos y tú serás un mierda por hacerlo.

Para el resto de los mortales ser un maestro o un profesor es lo mismo que ser primo hermano de Dios. Vivimos de miedo, cobramos de puta madre y tenemos unas vacaciones que no nos merecemos. A un lado queda que tengas que lidiar con toros de ganaderías de categoría 1, 2, 3, o vaquillas que te torean, te humillan y te amargan la vida, y todos en el mismo corral. No cuenta que hagas más cursos que un corrupto de la Junta sin cobrar por ello y encima sin que el ponente sepa una mierda de lo que te dice porque hace 20 años que no da clase. No importa que estés más pendiente de las familias de tus alumnos que de la tuya propia, que hablas más con las madres de tus alumnos que con tu marido, que te pongan verde por un whatsapp sin que tú lo sepas y aún menos tengas culpa. Por no hablar de los que encima se llevan palos de alumnos, padres y hasta abuelos, para esos no hay un día al año de violencia de género, género magistral? si hay hasta un día de la marmota, no me jodas,  el maestro tiene su santo y no su maltrato?

Y pa colmo hay que ser bilingüe, en inglés por supuesto, es que la Reina de Inglaterra, esa que tiene más cuernos que un miúra es la que te paga, no te jode, será que no hay idiomas en el mundo pa tener que ser el inglés el que nos domine desde que la Armada Invencible se bajó los pantalones. Y yo hablo tres idiomas más o menos pa que se me entienda, pero porque me da la gana oiga, no porque 40 políticos aburridos digan que el inglés es el idioma que por cojones hay que hablar.
Y esos mismos que nos conminan a estudiar a la vejez viruelas otra carrera, otro idioma y sacar papeles de títulos que dentro de 5 años son papel mojado no saben ni comunicarse en su propia lengua a los que los votan, y aquí todos a tragar. 

Pero ya lo peor es meterse en el tema de la música. A mí mis padres me pusieron a estudiar solfeo cuando tenía 5 años (hoy lenguaje musical, que es más pijo) y piano (la guitarra era pal Sacromonte, el violín para los niños y el saxofón pa los puticlubs, cada cosa en su sitio) desde que tuve uso de razón solo recuerdo tediosas clases de notas, compases, estudios, sonatas, fugas y preludios que nadie me explicó qué eran, ni quién fue el lumbrera que las escribió y ni mucho menos me dijeron que si era así de triste se debía a que lo compuso cuando murió su madre o era alegre porque le había tocado la lotería, no, esas obras salían de la nada, y eran obligaciones, te gustaran o no, ese es otro cantar, niño toca, estudia, muérete de asco que luego irás a un tribunal (igual que un consejo de guerra) que dependerá del día que tengan los señores maestros de música así te darán la nota.Y preferí dedicarme a una carrera más prosaica, la música no era lo mío según ellos.

Tengo alumnos que tienen más años que yo de piano y no saben tocar fuera de una partitura, que cuando la tienen delante la tocan igual si es un balada de Queen que una bagatela de Chopín, da igual, todo suena a pianola, son robots, no les han enseñado a disfrutar cuando tocan y aún menos de escucharse, es como hacer una suma, si te da el resultado está bien, si no, si no suena 2+2 eso es un cero. Y la mitad de esos músicos frustrados que querían tocar en la Filarmónica de Viena están en el pueblo o ciudad de turno dedicándose en un conservatorio solo a los que destacan, vaya a ser que sean famosos y les nombren, que la morralla no tiene derecho a ser del montón de esos que tocan por gusto y quieren aprender para luego tocar en su casa o en un grupo o para impresionar a la chorba de turno. Esos no, o tocas con una buena orquesta o te vas a tu casa a freír croquetas chaval. 
Peor me gustaría saber si todos esos eruditos que someten a niños de 11 años a pasar una tarde entera en una biblioteca de un conservatorio a hacer deberes casi que tumbados en un frío suelo hasta que llega la siguiente clase, que hacen sesiones de evaluación creyendo que son profesores de una escuela de primaria sin tener didáctica ninguna ni menos aún pedagogía saben un mínimo de las vidas de las personas a las que representan y enseñan a sus alumnos, porque creo que les suena lo mismo Moscheles que Mozart que Prokofiev que Holland, Merkel o Putin, unos auténticos analfabetos musicales que día a día hacen que mis alumnos aprecien menos la música, la dejen antes de tiempo y les impidan aprobar sus cursos normalmente.

lunes, 24 de noviembre de 2014

TIGRES Y LEONES


Mi padre se llamaba Daniel, estaba muy orgulloso de su nombre puesto que el personaje bíblico que le nominó fue un valiente que luchó contra los leones en la arena de un circo romano para defender al cristianismo que defendía y en el que creía. Me contaba la historia tantas veces que yo encumbré a ese personaje, me lo imaginaba frente a las bestias intentando salvar su vida en nombre de la fe. 

Hoy cualquiera de nosotros puede ser Daniel. Estamos contínuamente frente a leones que atacan nuestras creencias más arraigadas, nuestras costumbres, nuestro día a día, todo aquello en lo que creíamos y que nuestros padres nos inculcaron. Hoy día, un católico es un mártir en el circo, solo por el hecho de seguir siéndolo. Hubo una época en  la que ser católico apostólico y romano era anacrónico y vergonzante, pero lo superamos, quitamos el polvo al fascismo que se sirvió de nuestras creencias, y de la  pátina que el progresismo comunista y socialista le puso encima como peso de plomo, y cada cual con su convicción. 

Y ahora que estábamos tranquilos, el católico, el evangelista, el judío y el de cualquier otra religión en España, llegan un puñado de depravados, impotentes y asquerosos y nos dejan con el culo al aire otra vez. Al aire de los que nos cuestionan y al aire de nuestro propio culo. Nos tiemblan las creencias, nos tiemblan las iglesias y nos tiembla la fe. Y no es fruto de una sociedad llena de mugre pastosa que impregna todas las estancias, no, esta mugre es alquitrán. Ni el santo óleo la quita, y eso que es aceite. 

El que cree, cree por sí mismo, por educación, por experiencia y por convicción. El que no cree, lo mismo, pero el que no cree, cuando sabe que alguien no creyente como él, es un hijo de la gran puta, no pierde nada, de todos modos no cree ni en sus semejantes. Pero cuando el que cree descubre que su igual o su referente por ministerio de la fe, es un mierda que no es ni persona, una de dos, o es muy fuerte y sigue en su puesto, o cae del pedestal y renuncia a todo. Es ahora cuando necesitamos echar mano de esa fe, no de la que nos inculcan sino de la que tenemos en nuestro más hondo ser, la fe que te hace levantarte cada mañana, la fe que te entra por los ojos cuando ves a tu familia, la fe que tienes en cada cosa que haces, la fe. 

Y dicho ésto, me gustaría manifestar algo que seguramente no llegue a ojos ni oídos de quien se dirige, pero estoy acostumbrada a predicar en el desierto, por lo que, señor Arzobispo, no se postre usted como las monjas del siglo pasado que dan risa hasta a mis alumnos cuando ven el ejemplo en cierta película biográfica de Beethoven, no estamos en el romanticismo ni usted resulta nada romántico, ha dado una imagen al mundo de cobardía, de inoperancia y de dejadez, que al más débil de los fieles, salvo que solo lo sea para un camino al Rocío o una caminata detrás de una Virgen cuya cabeza se sostiene sobre un palo, el resto de los católicos convencidos no lo van a dejar de ser por su culpa, pero sí es verdad, que si usted se fuera y dejara de montar espectáculos tipo predicador americano televisivo, nos haría un favor a todos los que llevamos la fe a nuestros semejantes día a día con el ejemplo que Jesús nos dio. 

domingo, 30 de marzo de 2014

Ten cuidaíco tita


Te digo lo mismo que me has dicho tú a mí infinitas veces, fuera donde fuera o hiciera lo que hiciera. Ten cuidaíco tita, no se donde vas, aunque espero hacerme una idea. Me conformo con saber que estarás con mamá y papá en el Renault 12 blanco camino de Lourdes, Fátima o la Peña de Francia, camino de pegaros un homenaje de comer que luego te provoque una colitis de las tuyas, pero que al día siguiente se pase, como siempre, ¡si es que no puedes comer pimientos fritos, te lo tenemos dicho!!!! Me conformo con saber que verás a Mami y Papi, que te echarás en sus brazos como cuando te caíste del carro en Pinos, o que recibas a Papi corriendo después de uno de sus viajes. Me conformo con saber que me esperarás con ellos, el día que a mí me toque, pero una cosa te digo, yo espero hacer más ruido que tú, ¡so joía!, te has ido como cuando salías del escenario después de ganar el primer premio a la mejor directora de coro de voces blancas que ha habido sobre la tierra, sin recoger el ramo, ni la placa y dejando a todo el mundo aplaudiendo sin saber donde leche estaba la Madre Espadafor. Dime tú ahora como voy yo a vivir sin pegarme esos sustos que me dabas cuando llegabas a la casa sin avisar, sin abrir tus correos llenos de música y mensajes a cambio de los míos frívolos y hasta soeces que te mandaba para hacerte pisar la tierra y no las nubes donde vivías. Dime tú como voy a sobrevivir ahora que tú y mamá estáis tan lejos de mi realidad y no me ponéis firme para que deje de fumar o decir palabrotas. Que sepas que te has ido sin verme dejar el vicio y sin hacer de mí una persona tan tan buena como vosotras dos. Creo que tengo al menos 20 cintas VHS de capítulos de Colombo, no se qué hacer con ellas ahora que no estás y no existen los vídeos, cuando termino de comer no me resisto a poner esas películas de Antena3 que solo tú considerabas de intriga, cuando en realidad (perdona que te diga) son de serie B o C o D, pero que tú las vivías tanto que cuando no veías el final, me hacías buscártelas en internet (misión imposible, ni Emule, ni Torrent ni la madre que parió a Google) y si yo no podía, a tu alter ego, mi querido Juan Antonio. 
Tita, como voy yo ahora a volver a Mezquitilla, con esa playa llena de piedras que antiguamente recorrías con mamá al ser de día, que ni los pescaores estaban ya en la mar, en busca de intimidad y baño, con tu bañador sacado de los anales de la Historia, comprando los churros que hacían en la playa y rezando al amparo de las estrellas con mi padre cubierto de una toalla para que no le diera el relente en sus rodillas. Tita, cuando murió mamá me sentí muy sola, me dejó sin ella y sin papá, pero al morir tú, me quedo vacía. Has sido madre, hermana, tía y abuela de mis niños, lo has sido todo, y aunque, es verdad, no me faltará cariño de los que quedamos, vosotros erais mi referente en mi infancia, adolescencia (que maldita fuere, que fue de traca) y madurez, mi sensatez, mi humildad y mi poca paciencia. Me va a faltar tu inocencia, tu pasión por el fútbol, madridista hasta oír los partidos en misa, y la política, que para tí no existe la corrupción, es un error de cualquiera, tu falta de neutralidad con todo ello.  Me faltarán tus advertencias, tu arroz caldoso, seco y como tú decías, pasao, que solo te parecía a tí. Tu roscos, tus pestiños y tu cuajada de carnaval, que nunca apenas probé porque no me gusta el dulce, y perdón por decírtelo ahora que se me van a poner rancios los mantecados de este año.
Pero mira. Te envidio. Y no porque estés en un lugar mejor, porque hasta que no vea no lo diré (casi como Sto. Tomás) sino porque has sido muy feliz, has tenido siempre una familia a tu lado, tus padres y hermanos y tus monjas, y los sobrinos y los nietos y los alumnos y profesores que te han conocido, aquí y en todas las partes que has estado. Y creo poder decir que nadie, nadie, te ha decepcionado, porque tú siempre lo has visto todo bien, desde tu prisma. Y porque te hemos querido con locura, por como eras y porque dabas todo, aún con tu inocencia de niño pequeño. Porque cuando todos criticábamos, tú excusabas, porque todo el mundo era güeno para tí, y el feo, agradable, porque tenías la maldad de un recién nacido.
Tita,  ahora cuando vaya a Cájar recordaré tus pasos torpes de pies planos sobre el mármol, tu voz al otro lado del teléfono en la portería (hasta las 12, me decías siempre) tus visitas guiadas para ver a las monjas perder la memoria o usar los andadores para hacer carreras con mis niños, pero seguiremos yendo, por tí y por ellas tita, porque sois parte de nosotros, y aunque te hayas ido por la puerta de atrás, no me voy a resistir a continuar viendo lo que me enseñabas.
Y tita, que sepas, que sin haber sido madre, dejas muchos huérfanos, y si me lo permiten, me pongo a la cabeza. Huérfana de tu amor y tus risas incontenidas (así como tu incontinencia por ellas) y huérfana de tu ejemplo, por siempre vivo en mí.