miércoles, 26 de junio de 2013

El mascotario

Me van a perdonar los de Greenpeace pero tener una mascota es un auténtico coñazo. Yo tuve un perro y terminó criándolo mi madre, un pájaro que se escapó por un agujero de la jaula y un pez tan pequeño tan pequeño que se confundía con la comida que le echaba. Por ello siempre me negué a que mis hijos tuvieran ningún bicho porque sabía que terminaría en el olvido u ocupando un sitio en nuestras vidas que luego es muy difícil de eliminar. Y así sucedió, y no solo con los bichos, tú ya me entiendes.

Sin embargo, siempre hay algún alma caritativa que te regala un animalito pensando que con ello está fomentando la autoestima y autonomía de los menores cuando lo que en realidad te está haciendo es una putada como una catedral. Y así fue, que cuando mi prole alcanzaba solo el dos en cantidad, les regalaron sendas tortugas del tamaño de una moneda de cinco duros, y terminaron como un plato sopero de la cartuja de Sevilla. De estar en una pecera muy mona con forma de habichuela y unas palmeritas como las de los belenes, pasaron a estar en un tupper cada vez más grande hasta terminar dentro de una caja que compré en los chinos con capacidad para meter a mi bebé sin tener que doblarla.
Y aquellos animalillos que no hacía más que comer camarones secos como la mojama fueron creciendo y tomando conciencia de que estaban en el lavadero de la casa, compartiendo su asqueroso olor con el del suavizante de la ropa limpia provocando en consecuencia una mezcla que echaba para atrás. Al principio se les podía cambiar el agua, incluso se la echaba de botella, pero al final te daba un lumbago cada vez que decías de levantar su santuario. Y para colmo, la más grande, empezó a mirarme mal, a encaramarse en el plástico impotente de no poder alcanzar el borde y a abrir la boca como si quisiera dejarme un muñón como dedo.

Llegó a un punto nuestra relación, que decidí cortarla de raíz. Y hete aquí, que mi amiga I se ofreció a llevárselas para hacerle compañía a las de sus niños que están casi en libertad en una charca de su chalet, pero viendo la dificultad de tiempo y ocasión para dejárselas, intenté ahorrarle el favor y las llevé a la tienda de animales confiando en que alguien las adoptara. Cuando la señora las vió me preguntó si les daba pienso o codillo de cerdo, y que aquello no le cabía ni en el escaparate, que mejor llamara al SEPRONA que ellos las recogerían con sumo agrado para procurarles paz y tranquilidad hasta sus últimos días. Cuando llamé a la Guardia Civil, poco menos que se descojonaron en mi cara. Señora, aquí no estamos pa recoger tortugas sino para evitar males importantes, muy bien, le digo, y entonces a quien le dejo yo los bichos, pues señora, si es que hay que saber qué hacer con ellos cuando se compran, muy bien, le vuelvo a decir, pero si me las regala una ex parienta y resulta que los he cuidado 10 años mínimo, no cree usted que ya he cumplido? pues yo que se, llame usted al centro de protección de especies de su provincia, que allí seguro que la ayudan.

Llamo al susodicho centro y allí me mandan a que les mire los ojos a mis saurios. ¿Tienen una raya roja en el ojo, señora? mire usted no, los tienen negros como el betún, ahhh pues señora lo siento, no son especies protegidas sino tortugas comunes (como si en España hubiera tortugas autóctonas como las moscas). Toma! además de feas no son de buena familia, tiene cojones. Llame a la protectora de animales. Obedecí, y después de 50 llamadas escuchando un puñetero contestador (menos mal que hablamos de tortugas y no de una boa constrictor, porque vaya urgencia) decidí que no iba a dar más vueltas, que si I se había ofrecido, le tomaría la palabra, y así tuvo el detalle de recogerlas en la propia casa muy tempranito para ahorrarles el sufrimiento de dejarnos. Y menos mal, porque después de tanta ayuda institucional, estuve dudando si tirarlas al pantano de Cubillas o mezclarles los camarones con salsa de lejía, lo cual pesaría en mi conciencia para siempre. Ahora entro en mi lavadero y solo huelo a ropa limpia (bueno y a algún cigarro que me fumo a escondidas en la ventana) y ya no escucho los cabezazos de la más grande abriéndome la boca amenazando con su mirada vulgar de especie no protegida, y mire usté que no me da ninguna pena. Supongo que en su nuevo hogar sin barreras de plástico serán más felices y podrán crecer hasta el tamaño de la Maestranza sin que yo tenga que gastar mi sueldo en churritos de colores ni gambas sin gabardina.

lunes, 10 de junio de 2013

Que viene el auditor!!!!

Ya he perdido la cuenta de los años que llevamos en mi amado colegio haciendo auditorías, internas, externas e imaginarias. La primera fue una auténtica locura, todos corriendo por los pasillos, histéricos, los niños nerviosos de ver a sus profes al borde de un ataque, todos aprendiéndose un catecismo que se titula Misión, Visión y Valores, todos repasando las programaciones y comparándolas con las agendas, los cuadernos de los niños, las actas, los manuales, las fichas, las evidencias, los procesos, claves, pedagógicos, de gestión, joder, un laberinto de nombres que nada tienen que ver son la educación.

Y vino el temido auditor, y menos mal que era interno, es decir, el poli bueno. Nos repasó todo, por supuesto que había errores, uno pone a principio de curso que va a enseñar la biblia en pasta, pero luego esos locos bajitos no se sabe si seguirán tu ritmo o te lo marcarán ellos, y ahí está el problema, tú pones en la programación, conocer las figuras rítmicas más complejas, y para ellos el tresillo es donde su padre se duerme la siesta, o la síncopa lo que le dio a su abuelo un buen día que se lo llevó por delante. Tú pones, conocen todas las notas de la escala musical, y el niño te confunde el sol con el mi, el si y con el borrón que le hizo el boli al escribirlo, pero luego.... resulta que tocan la flauta de puta madre, que igual tocan My way que Memorias de Africa que la del Titanic sin tener ni pajotera idea de las notas, porque simplemente les gusta la música y ninguno va a ser ni pretende ser Wagner (menudo cabrón por cierto) ni Mozart, que bien mal que acabó, o Tchaikowsky que le invitaron a suicidarse solo por ser gay (maricón por si alguien no lo entiende) en esos tiempos.

Y es que ser maestro o profesor (todavía no se donde está la diferencia) hoy día no se trata de ser enseñante, no. Antes se decía que era un chollo tener las vacaciones de un maestro, puede ser, antes, no ahora. Estamos más vigilados que cualquier chorizo de este país. No se fían si sabes enseñar, si eres políticamente correcto, si cumples con unos objetivos, si coincide lo que dices con lo que haces, si eres cariñoso malo, si recto, peor. Me gusta ser maestra-profesora, enseñante. A mí nadie me tiene que decir como tengo que dar mis clases, y no soy soberbia, nada más lejos, digo nadie porque nadie ha estado en mi piel o la de mis alumnos cuando se crea ese ambiente de complicidad cuando interpretamos una melodía poniéndonos la piel de gallina o cuando contamos la historia de un grandísimo autor, o cuando simplemente nos descojonamos por una buena salida o comentario. Nadie por mucho que venga a preguntarme si coincide lo que escribo con lo que hago, nadie, por mucho que me busque errores en mi actuación (que nunca serán suficientes contando con las que tengo en realidad, shhhh) va a saber si lo hago bien o mal. Y lo que es peor, resulta que con los años uno se entera que el señor o señora auditora no son pedagogos, ni maestros ni profesores, ni nada cercano a ser docente, sino alguien formado para buscar incongruencias entre papeles. Tengan de antemano mi mayor respeto, pero perdone usted, qué me va a criticar de una programación si no entiende nada de lo que he puesto??? si ni tan siquiera yo se qué coño he puesto, si está copiado de una editorial que tampoco sabe qué coño está diciendo pero queda que te flipas.

Y luego viene el poli malo, el que vale, el que cobra de verdad. Y ahí está el problema. Todo este rollo de las auditorías estaba pensado para empresas que manejaban dinero público o privado, mucho dinero. Puedo entender que hay que controlar donde uno pone sus activos, pero poco a poco se fue extendiendo como el chapapote. Se hizo un negocio rentable, se europeizó, el que no tenía la ISO 9001 era un paria poco menos, y una vez alcanzada ¡por Dios! hay que llegar al súmun. Hay que llegar al nirvana de la certificación. Al inicio existía algo llamado AENOR, que te decía si lo que comprabas era fiable o se te rompía en dos días, y eso se expandió como digo a todos los sectores. Que yo sepa un maestro no se rompe, el que vale vale, y eso lo dirán generaciones de alumnos, el que no, durará en un colegio lo que un caramelo, y lo dirán, lo comentarán por los siglos de los siglos, y el amén lo tienen ellos, no un señor ingeniero que sabe de molinos pero no de vientos.

No debería siquiera hablar de este tema, aún cuando creo que con dos o tres de mis compañeros tengo el récord de autorías, de hecho una vez bromeando le pregunté a la Sra. auditora: -Esta vez por qué es señora? por profesora de primaria, de secundaria, por tutora, por especialista de música, por madre de alumnos, por directora del coro o por llevar mechas en el pelo?? En la última que pasé, el tío dijo, a ésta no, que ya está muy vista. Si este año me he librado, no por suerte, que teniendo la que tengo seguro me toca, sino porque estoy disfrutando una baja maternal preciosa, viendo a mi hija crecer a pasos agigantados, a mis compañeros interesarse por ella y quererla como algo suyo,  yendo al cole para echar una mano porque lo merece, el cole y todo lo que tiene dentro. Pero el año que viene más. Otra vez a pasar nervios, dos tres o cuatro días, lo que sean. Pero no creo que puedan compararse a aquella vez donde mi ex-rePUTAdo era el coordinador, y yo no sabía si dejarlo con el culo al aire o dejar en el mejor puesto a mi colegio, y como no!!! primó lo segundo, colegio solo tengo uno, porque madres .... eso lo dejo para otro día.

miércoles, 5 de junio de 2013

Visillos

He de reconocer que hasta hace muy muy poco no me hacía gracia el Mota, pero por mis hijos, los amigos y yo misma he ido adquiriendo un apego hacia sus personajes. Y es que todos llevamos dentro una vieja del visillo, por idiosincrasia, por españoles coño. Y si me apuras hasta los extranjeros que viven aquí también. Después de un día completito, plancha, comidas, visita al ambulatorio (no por los niños por una vez) ocupación de la casa de mi más querida prima, con baño en piscina acompañados de un cocker, he vuelto a casa y oh mi sorpresa que había un furgón de los nacionales en mi misma puerta!!!! Y para colmo el camarero del bar me comenta que se han llevado esposado a un vecino mío!!!!! horreur!!! si aquí solo vivimos personas políticamente correctas, bueno, menos yo, que he parido cuatro cachorros y me he salido de las medias. 

Hemos subido acojonaos, parecía que nos iban a raptar de un momento a otro, qué tontos, si además de no haber un duro en casa no nos aguantarían ni dos horas en casa ajena!!! Bueno, menos el cocker que ha estado toda la tarde con mis niños. Al grano, qué nos gusta un chisme. Propio, de otro o del más allá. Nos atraen los asesinatos, las detenciones y las desgracias ajenas, no por maldad ni morbo, simplemente por saber y ser el primero en decir, deja deja, que ya lo cuento yo. Pena que al final no me enterao de ná, aunque sí he podido saber más o menos de quien se trata, y ahora viene el trabajo más duro, uffff. Preguntar discretamente al portero, al del súper, al de la ONCE, al moro de las chuches (perdón que no he usado eufemismo) y una vez recopilada toda la información, deducir qué cosas coinciden, método inductivo que me dijeron en los cursos de doctorado (ves mamá como sirven para algo?)

Y con esa información qué hacer???? pues contarla, qué si no??? igual a tus amigas les importa un carajo, pero mira, les animas el día, ya tienen algo en lo que pensar que no sea cómo coño pagar la hipoteca o como decirle al marido paso, que no es la cabeza, es que no me apetece y punto. Y tras dos días o menos, todo olvidado, porque todos tenemos cosas por las que preocuparnos, pero ese rato no te lo quita nadie.

Nos mata de curiosidad ver una ambulancia pasar echando leches, con o sin sirena, y si van dos, seguidas de policías más aún, y si encima los acompañan los bomberos nos metemos hasta en las noticias del móvil por si dicen algo. Tenemos un refrán, la curiosidad mató al gato, pero este no es un país de gatos, en todo caso los italianos, pero no aquí, no son animales protegidos ni alimentados como allí, que parecen vacas sagradas en Egipto. Aquí la curiosidad fomenta debates, programas, charlas y anima redes sociales, chats y encuentros cerveceros. Y eso es malo? no se, toda la vida ha habido viejas y jóvenes de visillo, cortina y estor, que hasta las pijas les gusta, ojo, y mientras no se calumnie, se injurie o vilipendie a nadie, creo que la curiosidad no es mala, aunque si la usáramos para cosas más útiles estaríamos a la cabeza de la investigación en toda Europa, porque sí señor, los alemanes o los finlandeses están a la zaga, pero a ellos no les mueve la curiosidad ni el ansia de saber, no señor, no, es que en esos sitios se hace de noche a las 5 de la tarde, y o tienes metido en tu cama a George Clooney o te pones a darle vueltas a la cabeza, y parece ser que prima lo segundo.

Valga toda esta exposición para subir la moral de todos aquellos investigadores que no llegan a nada o no les hacen ni puto caso. Sed constantes, estáis haciendo honor al deporte nacional, no el balompié, sino el explora-visillos en otras dimensiones, eso os honra como profesionales y españoles de pro.