viernes, 5 de abril de 2013

Hipocresías, apariencias, morro

Siempre ha habido gilipollas y los habrá, es algo innato a un porcentaje bastante amplio de los que nos rodean, pero hoy la gilipollez afecta a un porcentaje que me asusta igual que las lluvias que nos están acosando hace meses. Es una plaga. Hoy he llevado a mi hijo a un cumpleaños. Por supuesto no es el primero, aunque sí uno de los pocos a los que lo invitan. Y no es que mi hijo sea un insociable, no, todo lo contrario, mi hijo es amigo íntimo del vendedor de cupones de la ONCE, es amigo del cartero que viene a casa a traer nada más que cartas de Hacienda, la Junta, Endesa y otros ladrones por el estilo. Conoce a la de la mercería, a la de la carnicería, al vecino, la vecina, el cartonero y el dueño del restaurante de la esquina. Cierto es que de vez en cuando se le escapa una torta o un improperio, pero no es la tónica. Su problema es que su madre trabaja en su colegio, su madre no es asidua a las comidillas del patio, ni es miembro de los whatssap de las mamás de su clase, no le hace la pelota a nadie, y claro, eso pasa factura. Tu madre el día de mañana se cargará conj un cero descomunal al cumpleañero o le dirá a la mamá del homenajeado, señora está usted haciendo de su hijo un auténtico flojo y un tirano, y claro, eso no vende para que te inviten a un cumple, bueno eso sin contar que le digas que el supuesto TDH es una tomadura de pelo, que el niño tiene la misma falta de atención que el papá de cerebro.

Es más, en un cumple al que se invita a toda una clase, algo va mal, o el niño es un desgraciado y su madre trata de integrarlo, o ese niño pega tales mamporros que mejor es ir al cumpleaños antes de que te ponga un ojo morao. Son eventos de adultos, por amor de Dios, qué niño es amigo de 25 congéneres con los que tiene que lidiar cada día para que no le quiten la plastilina coño? En estos cumpleaños se forjan amistades convenidas, negocios avocados al fracaso y relaciones más frágiles que unas bragas de telaraña. Pero bueno, una se conforma con que inviten a tus niños una vez al curso, y ya lo entenderán cuando sean mayores, y si les supone un trauma, lo siento, nunca te faltó ropa limpia, comida en el plato y deberes hechos por una negligencia de tu madre, así que si no te llaman para las reuniones sociales, tranquilo, ya te las buscarás tú cuando te hagan falta, y espero que no te equivoques.

Por otro lado están los gilipollas fantasmas. Esa es ya la especie evolucionada. Aquellos que lloran cada día porque no tienen dinero, que prometen a sus hijos lo que saben desde el principio que no van a cumplir, pero que lo hacen tan de puta madre que éstos lo tienen en un pedestal del que algún día, si existe la justicia se escalabrarán. Hij@, no me lo puedo permitir, pero si tuvieras Facebook o Tweeter o Tuenti o Gilipolling sabrías que por cada euro que me ahorro en tí y tus hermanos, me lo gasto en viajes con mi novia, compras en tiendas inmoralmente carísimas y cañitas al sol mientras tu madre se ocupa de que tengas los dientes sanos, la barriga llena y la ropa en condiciones y se levanta a las 6 y se acuesta cuando los señores basureros ya están soñando. Ahora eso sí, bonic@, yo te mando la ropa sucia en bolsas de Polo Ralph Lauren porque tu señor padre tiene una rePUTAción, y no puedo mandarte las cosas en bolsa del Covirán, porque si me ve cualquier conocido va a pensar que soy un enmayao y eso no, yo me puedo permitir no pagar una pensión mísera de 300€ por tres niños, porque mientras tu madre no me toque los botones, yo no tengo por qué esforzarme, pero que me vean vestido de mercadillo ni pensarlo, ni para llevar el pan, no, mis manos solo tocan mercancía con pedigrí.

Yo no se si son mis 40, si son las arrugas o los callos de la fregona, solo se que cada día me enervo más. Y habrá quien me diga, Toooonta, no entres al trapo, pero por Dios, si es que el trapo me asfixia cada vez que mis niños me hacen un comentario y no puede uno más que comerse el tarro y cabrearse, porque o bien mandas a toda la comparsa a la mierda, cosa que no es políticamente correcto, o denuncias a tu difunto, cosa que tus hijos te echarán en cara, o te pegas un tiro, lo cual no es lo más lógicamente correcto. Queda el derecho al pataleo, al mosqueo, al cabreo y al bloguereo, y por eso hoy escribo esta sarta de sandeces, pero coño, qué a gusto me he quedao.

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