lunes, 10 de junio de 2013

Que viene el auditor!!!!

Ya he perdido la cuenta de los años que llevamos en mi amado colegio haciendo auditorías, internas, externas e imaginarias. La primera fue una auténtica locura, todos corriendo por los pasillos, histéricos, los niños nerviosos de ver a sus profes al borde de un ataque, todos aprendiéndose un catecismo que se titula Misión, Visión y Valores, todos repasando las programaciones y comparándolas con las agendas, los cuadernos de los niños, las actas, los manuales, las fichas, las evidencias, los procesos, claves, pedagógicos, de gestión, joder, un laberinto de nombres que nada tienen que ver son la educación.

Y vino el temido auditor, y menos mal que era interno, es decir, el poli bueno. Nos repasó todo, por supuesto que había errores, uno pone a principio de curso que va a enseñar la biblia en pasta, pero luego esos locos bajitos no se sabe si seguirán tu ritmo o te lo marcarán ellos, y ahí está el problema, tú pones en la programación, conocer las figuras rítmicas más complejas, y para ellos el tresillo es donde su padre se duerme la siesta, o la síncopa lo que le dio a su abuelo un buen día que se lo llevó por delante. Tú pones, conocen todas las notas de la escala musical, y el niño te confunde el sol con el mi, el si y con el borrón que le hizo el boli al escribirlo, pero luego.... resulta que tocan la flauta de puta madre, que igual tocan My way que Memorias de Africa que la del Titanic sin tener ni pajotera idea de las notas, porque simplemente les gusta la música y ninguno va a ser ni pretende ser Wagner (menudo cabrón por cierto) ni Mozart, que bien mal que acabó, o Tchaikowsky que le invitaron a suicidarse solo por ser gay (maricón por si alguien no lo entiende) en esos tiempos.

Y es que ser maestro o profesor (todavía no se donde está la diferencia) hoy día no se trata de ser enseñante, no. Antes se decía que era un chollo tener las vacaciones de un maestro, puede ser, antes, no ahora. Estamos más vigilados que cualquier chorizo de este país. No se fían si sabes enseñar, si eres políticamente correcto, si cumples con unos objetivos, si coincide lo que dices con lo que haces, si eres cariñoso malo, si recto, peor. Me gusta ser maestra-profesora, enseñante. A mí nadie me tiene que decir como tengo que dar mis clases, y no soy soberbia, nada más lejos, digo nadie porque nadie ha estado en mi piel o la de mis alumnos cuando se crea ese ambiente de complicidad cuando interpretamos una melodía poniéndonos la piel de gallina o cuando contamos la historia de un grandísimo autor, o cuando simplemente nos descojonamos por una buena salida o comentario. Nadie por mucho que venga a preguntarme si coincide lo que escribo con lo que hago, nadie, por mucho que me busque errores en mi actuación (que nunca serán suficientes contando con las que tengo en realidad, shhhh) va a saber si lo hago bien o mal. Y lo que es peor, resulta que con los años uno se entera que el señor o señora auditora no son pedagogos, ni maestros ni profesores, ni nada cercano a ser docente, sino alguien formado para buscar incongruencias entre papeles. Tengan de antemano mi mayor respeto, pero perdone usted, qué me va a criticar de una programación si no entiende nada de lo que he puesto??? si ni tan siquiera yo se qué coño he puesto, si está copiado de una editorial que tampoco sabe qué coño está diciendo pero queda que te flipas.

Y luego viene el poli malo, el que vale, el que cobra de verdad. Y ahí está el problema. Todo este rollo de las auditorías estaba pensado para empresas que manejaban dinero público o privado, mucho dinero. Puedo entender que hay que controlar donde uno pone sus activos, pero poco a poco se fue extendiendo como el chapapote. Se hizo un negocio rentable, se europeizó, el que no tenía la ISO 9001 era un paria poco menos, y una vez alcanzada ¡por Dios! hay que llegar al súmun. Hay que llegar al nirvana de la certificación. Al inicio existía algo llamado AENOR, que te decía si lo que comprabas era fiable o se te rompía en dos días, y eso se expandió como digo a todos los sectores. Que yo sepa un maestro no se rompe, el que vale vale, y eso lo dirán generaciones de alumnos, el que no, durará en un colegio lo que un caramelo, y lo dirán, lo comentarán por los siglos de los siglos, y el amén lo tienen ellos, no un señor ingeniero que sabe de molinos pero no de vientos.

No debería siquiera hablar de este tema, aún cuando creo que con dos o tres de mis compañeros tengo el récord de autorías, de hecho una vez bromeando le pregunté a la Sra. auditora: -Esta vez por qué es señora? por profesora de primaria, de secundaria, por tutora, por especialista de música, por madre de alumnos, por directora del coro o por llevar mechas en el pelo?? En la última que pasé, el tío dijo, a ésta no, que ya está muy vista. Si este año me he librado, no por suerte, que teniendo la que tengo seguro me toca, sino porque estoy disfrutando una baja maternal preciosa, viendo a mi hija crecer a pasos agigantados, a mis compañeros interesarse por ella y quererla como algo suyo,  yendo al cole para echar una mano porque lo merece, el cole y todo lo que tiene dentro. Pero el año que viene más. Otra vez a pasar nervios, dos tres o cuatro días, lo que sean. Pero no creo que puedan compararse a aquella vez donde mi ex-rePUTAdo era el coordinador, y yo no sabía si dejarlo con el culo al aire o dejar en el mejor puesto a mi colegio, y como no!!! primó lo segundo, colegio solo tengo uno, porque madres .... eso lo dejo para otro día.

2 comentarios:

  1. Bendita baja maternal hermana. Divertida entrada. Me encanta leerte. Besos

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  2. Como te toque el año que viene, me los mandas, que habiendo intentado estar en tu piel, a ver quien es el bonico que se atreve a decirme a la cara que tu no vales. Mi testimonio como alumna, ex alumna, alumna de prácticas y sustituta vale más que la de nadie!

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