lunes, 8 de abril de 2013

Día de perros

Los bastante que mientes al demonio para que te pinche con el tridente en el culo. Ayer fue un día de perros, de gatos y de lagartas. El día empezó muy bien, organicé todo corriendo y nos fuimos a la calle, los cinco, mamá y sus pollitos. Ocupamos las aceras, incomodamos a la gente, no se puede entrar en ningún sitio, pero me da igual, ellos vienen conmigo donde yo vaya. Y de repente, nos encontramos con el de la bolsa de Ralph Lauren y su rePUTAción, bueno, qué le vamos a hacer, Granada es un pueblo y cuando menos lo esperas te encuentras con quien menos quieres. Fue un encuentro fugaz, sin problemas, pero tanto yo como los pollitos nos pusimos violentos, piernas que tiemblan y corazón que se acelera, deseando que sea lo más rápido posible y seguir nuestro camino. Desde ese momento todo empezó misteriosamente a torcerse. Entramos en una tienda donde la señora siempre fue amable y por pocas no nos deja entrar porque iba a cerrar, venga hombre, aunque sean 20€ te ganas tonta, y aún así parecía que nos estaba haciendo un favor. Compramos un regalito y seguimos hacia el cumpleaños al que íbamos. 

Yo iba con mucha ilusión pero en ese instante de llegar me dí cuenta que ya no encajo en ningún sitio. Una preadolescente, una niña, un enano y un bebé en un carro que ocupa más sitio que cuatro adultos de pie con una caña, como que pegamos en un bar como a un santo tres pistolas. Además todo el mundo se me quedó mirando como diciendo, dónde va esta con la camada a plantarse en un cumpleaños donde todos son o bien solteros, o divorciados o alegres casados, pero libres ese día para tomar unas cervezas, unas copas y lo que encarte? y a los que les sonaba mi cara debieron pensar, anda, mira ésta que hace un año estaba en todos los saraos y resulta que tiene más niños que una coneja. Menos mal que los niños se portaron bien, porque si Antonio se le pela el cable, la lía parda como dicen sus hermanas. Carmen se puso a leer allí mismo su libro de misterio, y Daniela simplemente me miraba como diciendo, mamá si algún día estoy yo en estas lides, śacame de aquí pitando.

La única que tenía necesidades en ese momento era Giulietta, era su hora de comer, casi pasada, así que, ella antes que mi vergüenza, y me dispuse a darle. Alguno abrió los ojos pensando que me iba a sacar mi exigua teta, pero no, señores, tranquilos que no voy a dar un espectáculo para liga de la leche, que la niña gracias al cielo toma biberón. Pero claro, aquello dilató aún más mi incomodidad de ver como mis amigas y conocidas estaban más que acopladas a la situación, y yo poco a poco me fui sintiendo más pequeña y ridícula. Para salir tenía tanta prisa que choqué con el carro con todas las esquinas y pantorrillas que había hasta la puerta, y por fín alcancé mi meta y salimos a la calle. Las ganas que teníamos de ir a comer a alguna parte se nos habían pasado a todos, así que cabizbajos, cada uno por un motivo distinto, volvimos a casa, porque tal y como dijo Carmen, mamá, aquí, salvo que te quemes otra vez los dedos con la bandeja del horno, estamos a salvo de la mala suerte.

1 comentario:

  1. Noooooo, que la mala suerte es únicamente una percepción. Cuando uno se tuerce, se tuerce. Y ese mismo día te ocurre cuando brilla el sol dentro de ti, y es un día diferente.
    Efectivamente... ¡una mamá con 4 peques ocupa espacio, está agotada, es SENCILLAMENTE DIFERENTE! Pero oye, en Granada sois muchas las familias con muchos niños. Por suerte, eres una madre ejemplar, ¡sabes? Y eso hace que tus hijos nunca jamás sobren allá donde vayas. Así que a ver si te escapas con los pollitos por estos lares que tenemos playa. Besotes

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