viernes, 17 de mayo de 2013

L y R

He tomado la costumbre de mi "comadre" de usar iniciales, dada la necesidad de cumplir con la LPD, y por no ser indiscreta. L y R son padres, y son mis amigos. Y son más padres de lo que yo nunca seré pese a haber pasado por cuatro partos y un aborto. Padre o madre no te hace un parto, pues demostrado está que con todo lo que se sufre, una mujer puede perfectamente pasar por el trance de dejar un hijo, sin entrar en si le cuesta o no, y por los motivos que sean. Ahí no entro, puesto que no he estado ni quiero estar en esa situación. 
Pero L y R, igual que D y P, han sido padres contra lo que dictaba la naturaleza, la suerte, la genética, Dios, o lo que uno crea que tiene el poder de la creación. Y también lo son J y N, y lo serán S y D, y tantas otras letras que representan personas que tienen que serlo porque lo merecen y lo quieren. Y sin embargo todos esos factores que he nombrado y que nadie sabe por qué, no influyen en que personas que no estando en situación, interés, o incluso no estando en su sano juicio, otorgan esa facilidad para engendrar hijos sin problema.

Pero nos guste o no, nos afecte o no, seguimos viendo todo lo que no entra en los cánones establecidos como algo raro. Y soy la primera en tirar la piedra, no en temas de paternidad pero sí en otros. Nos han educado colgados de un árbol genealógico donde los tatarabuelos eran dos, hombre y mujer, que a su vez tuvieron la fortuna de tener taitantos hijos y taitantos abortos, que dieron lugar a los bisabuelos, los abuelos y los padres. Y si había un doble matrimonio, una querida o querido, un adosado como hijo o un pariente "rarito", no solo se caía de la rama, sino que era hoja más que caduca. 

Pues bien, yo soy una hoja que no engendró el árbol, y un geranio nacido de un rosal. Bendito árbol y rosal que me dieron la vida, no el nacimiento, sino la vida. Ellos fueron los que realmente me hicieron como soy, mejor o peor, pero yo. Y ahora que soy madre, gracias a todos o alguno de esos factores, pienso qué valientes son los que negándoles la posibilidad de serlo, se empeñan en ello. Por lo que pasaron D y P conmigo, mi carácter rebelde y mis salidas de tono, mis escapadas y mis crueles respuestas, sin que nada les hubiera obligado a soportarlo más que su amor por mí. Y pienso en lo que les queda por pasar a L y R, a J y N a S y D y a tantos otros que tienen hijos que saben desde el inicio lo que son y suponen para sus padres. Y si yo, sin saberlo fui tan cruel a veces con ellos, qué no lo serán otros tantos hasta llegar al conocimiento que tengo yo ahora. 

Solo tengo la esperanza de que lleguen a las conclusiones que yo he llegado antes que yo lo hice. Antes de ser padres, antes incluso de ser adultos, porque ello les hará mejores personas, sabrán la suerte que han tenido, pues, no es lo mismo nacer bendecido que bendito. Bendecido es el que lo tiene por obra y gracia del Espíritu, bendito el que lo encuentra sin esperarlo ni saberlo. Y nosotros lo somos, benditos, por estar donde estamos.

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