Surrealismo Lacombiano
Esta noche he soñado que me tenía que bautizar, estábamos en una casa muy grande y destartalada y no aparecían los santos óleos por ninguna parte, tan solo un combo (como dice mi amiga M que es muy fina) de esos para aliñar la ensalada de aceite, vinagre y sal. Supongo que es consecuencia de los días pasados, el estrés y la situación acontecidos. Lo cierto es que me he quedado en la gloria una vez que pasaron el bautizo y la comunión de mis hijas. Ha sido emocionante a la vez que surrealista total. Allí nos congregamos mi marido, a la sazón mi primo segundo, padre de mi cuarta hija pero no de los otros tres, mi ex, padre de éstos últimos, mis suegros, tíos a su vez por ser padres de mi marido primo, mi madre biológica que es a su vez prima segunda y carnal de mi padre biológico, también allí junto a su sobrino que es mi hermano y padre de una preciosa niña que es por tanto prima de los míos, los cuatro, claro está. Si se piensa con detenimiento, mi cuarta hija tiene más títulos que la duquesa de Alba, es mi hija, además de mi sobrina por hija de primo, nieta de mi madre pero a la vez sobrina nieta por parte de su primo que es mi suegro, hija de mi marido y sobrina también por mi parte, menos mal que respecto de sus hermanos es solo eso, hermana, ¿o también sería prima por ser hija de mi segundo marido? No es tan difícil de entender cuando las cosas se llevan con normalidad, de hecho, la madrina de mi niña es más que cualquier prima, sobrina, hermana o pariente, sea carnal o adoptivo. Nuestra relación es muy moderna, nos conocimos por casualidad, por internet y por una causa común, hacer un libro. Y de ese primer contacto han venido cientos de e-mails, llamadas, cartas, regalos, tres libros en común, presentaciones, visitas y por fin el bautizo de Giulietta. Vamos, que tengo con ella más comunicación que si viviera en mi edificio.
Las celebraciones siempre son motivo de alegría y ampollas en los pies, por no decir agujero en la cartera. El invitado las disfruta, el anfitrión salvo que sea un huevón, no. Debes estar pendiente de que se sienten en el lugar correcto, siempre hay roces entre familias o amigos que pueden saltar en cualquier momento arruinando la ocasión. Pendiente de que los más mayores coman algo o no critiquen lo que has elegido. Pendiente de que los niños no metan en dedo en la tarta después de habérselo metido en la naríz o que terminen con las existencias de chocolate de la máquina sin contar con que alguno pruebe algo que no debe y pille la cogorza del siglo. Mientras, las homenajeadas pasan olímpicamente de estos problemas, se lo pasan de miedo suceda lo que suceda. Eso es lo importante.
Pero siempre hay alguien que te echa una mano. Normalmente no es ni tu marido ni tu suegra ni tu cuñada, por lo menos en mi caso. Siempre tengo dos ángeles de la guarda que me ayudan en los momento más jodidos.Uno de ellos es M, otro es I. M siempre está al quite para que mi tía la monja (tía también de mi marido y prima hermana de mi suegro) esté cómoda, que mis niños se porten bien y que coman lo esencial ese día, y si hay que llevar a alguien, le falta tiempo para ofrecerse. Por otra parte está I. Nunca olvidaré mi primera boda, no creo que haya una dama de honor más pendiente que ella de la cola, si no me la colocó cien veces no fue ninguna. En la segunda, al ser civil, la cola la llevaba el marido, no yo, pero aún así estuvo igualmente pendiente de todo. Si tengo fotos de mis eventos familiares o he tenido detalles con la gente, ha sido gracias a ella. Que nunca olvida nada y en todo está. He hecho cuentas, y si Dios quiere, y el nuevo Papa no inventa otro sacramento, hasta dentro de cuatro años no tengo que meterme en otro lío similar, aunque con la vida que llevo, quien sabe, toquemos madera!!!!
Jaajajajjjj no sabes lo que me he reído al leerte. Surrealista total. A veces miraba a mi alrededor intentando meterme en tu cabeza y es que la situación era cuanto menos digna de peli de Almodovar. Lo pasamos genial y para mí fue todo un honor. Besos
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